Mi madre tenía un lunar, pero no un lunar cualquiera.
El lunar de mi madre era de color azul.
Era un lunar tatuado sin querer.
Un lunar de tinta china.
Contaba mi madre que alguien -no recuerdo quién-
pinchó con una pluma su rostro, cerca de la comisura de los labios,
justo en ese lugar en el que las artistas de la época se dibujaban uno a propósito,
para estar más bellas.
A ella no le hacía falta, pero ahí estaba y estuvo con ella durante toda su vida.
A veces pienso si no será la tinta inyectada en la sangre de mi madre
la que hoy corre por mis venas y me empuja a escribir,
sin parar.
®Eva García Madueño.

Y así creo que este puede ser uno de sus legados.
Cierto es que con la edad me parezco cada vez más a ella
y cierto es también que cada vez la comprendo mejor
y la echo más de menos.
Esta es una fotografía hecha por mi padre, artista de vocación,
en la que pareció predecir mi futuro como escritora.
La fotografía en la Alcazaba de Málaga, en un pupitre de piedra,
con una pluma de paloma en la mano y mi madre diciéndome:
haz como si estuvieras escribiendo algo bonito.
Espero que todas hayáis pasado un día estupendo.
¡Feliz día de la madre!
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