“Durante aquellos nueve meses tuvo la sensación de que no estaba sola. Ni un solo segundo. Sentía la presencia de aquel ser diminuto que habitaba en su interior. Incluso le parecía que podía comunicarse con él mentalmente. Podía pasar horas hablando de esa forma con su hijo, con la absoluta certeza
de que no solo le entendía, además, le contestaba.”