Fue en 1857 cuando Antonio María Álvarez de Quindosí, quiso hacer en lo que había sido el centro de la manzana urbana que estuvo ocupada por el convento y la Iglesia de las Agustinas Descalzas, un pequeño café que en un principio se llamó «Café Royal» y que más tarde se convertiría en el mítico «Café de Chinitas», templo del arte cuya fama trascendió las fronteras locales hasta el punto de colocarse en la avanzadilla de ese concepto de café cantante que marcó el compás en la España popular de finales del XIX y principios del XX.
Es interesante señalar que el pórtico de entrada tallado en piedra por el que se accede al hoy conocido como «Pasaje de Chinitas» -cuyo nombre original era «Pasaje de Álvarez- a través de la plaza de la Constitución era en realidad la puerta de acceso a la iglesia de las Agustinas, aunque en aquella época con otra de madera tallada más pequeña e incorporada al conjunto para regular la entrada y salida de fieles. Sobre sus dimensiones, es fácil intuir la importancia que tuvo en la Málaga de la época si se tiene en cuenta que las cuatro fachadas del convento-iglesia daban a la plaza de la Constitución, a la calle Santa María, a la calle Fresca y a la calle del Toril, que luego se convertiría en la calle Larios y que se llamaba así porque durante años fue el lugar por el que salían los toros que luego se lidiaban en la céntrica plaza.
En ese entorno tan original y pintoresco nació el germen del hoy llamado Café Chinitas: «un teatrillo para uso particular y una reducida corte de amigos» lo que terminaría por darle fama al nuevo escenario urbano. El gobernador eligió para ello una planta interior para disimular su estructura, ya que la experiencia de otros cafés cantantes que ya existían en la ciudad habían generado considerables revuelos entre los vecinos y las autoridades de la época no estaban dispuestas a tolerar más escándalos. Por eso se explica la ubicación poco convencional del local, un humilde espacio ganado a los bajos de un patio de vecinos al que llegaba la luz a través de un ojo de patio.
Lo que no contemplaron es que se convertiría en la cuna del flamenco y la poesía. Un lugar de ambiente bohemio, epicentro de la cultura andaluza, visitado por intelectuales y artistas de renombre como Federico García Lorca, Salvador Dalí, Pablo Picasso y la bailaora La Argentinita. Por su escenario pasaron grandes figuras del flamenco como Juan Breva, Antonio Chacón y La Trini.
Durante ochenta años, como todo negocio, fue adaptándose a las circunstancias hasta 1937, año en el que (durante la Guerra Civil Española) cerró definitivamente sus puertas…. bueno, en realidad no es así.
Tras décadas de silencio, el café ha reabierto, buscando preservar la esencia de la Málaga de siempre, manteniendo la estructura antigua y recordando su importancia como templo del arte, convirtiéndose nuevamente en el corazón cultural de Málaga.
Hasta aquí una parte de la historia de éste mítico Café del que os dejo a continuación fotos antiguas y recientes y algunos vídeos y enlaces para quienes deséis conocer con más profundidad la historia.
¡Ah!, y os recuerdo que es en este lugar tan especial donde tendremos el placer de presentaros y leeros algunos versos de Disforia (editorial Loto Azul), con toda nuestra ilusión y cariño.
Os abrazo.
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1 comentario en “EL CAFÉ DE CHINITAS”
Desde pequeña he escuchado hablar del Café Chinitas, porqué a mí abuelo, cuando era joven , le gustaba venir a él a escuchar flamenco. Cuando he tenido la oportunidad de leer poesía e incluso presentar mi poemario siempre lo recuerdo .
Es un lugar que atrapa por su ambiente acogedor, su energía positiva que transmite calidez y nos acerca a la buena poesía en la que quedó el alma de los mejores poetas de nuestra tierra.