EVA GARCÍA MADUEÑO — DISFORIA
Presentación
Hoy nos acompaña Eva García Madueño, autora de Disforia, poemario publicado en 2025 por la editorial Loto Azul.
Y poco más quiero añadir sobre Eva antes de escucharla, porque quizá la mejor manera de empezar a conocer a una autora sea hacerlo a través de aquello que ha decidido escribir.
Y en Disforia hay mucho que descubrir.
Hay una voz que se adentra en territorios que no siempre resultan fáciles de nombrar y que utiliza la poesía para acercarnos a aquello que muchas veces permanece escondido detrás de lo que mostramos a los demás.
Así que hoy no quiero presentaros solamente a una poeta y a su libro. Quiero invitaros a escuchar una voz que ha decidido poner palabras allí donde tantas veces solo encontramos silencio.
Eva, bienvenida al Café de Chinitas.
—Buenas tardes y muchas gracias por estar aquí. Quiero dar las gracias a Librada Olivares por su análisis y presentación de Disforia, a María Carretero y Laura Gutiérrez por poner una vez más sus preciosas voces a mis versos, al Café de Chinitas por acogerme de nuevo en este espacio y a los amigos que se han acercado hoy para acompañarme. Muchas gracias.
Disforia
Disforia es un poemario que nos propone un viaje hacia el interior. Un recorrido por emociones, heridas, miedos y realidades que muchas veces permanecen ocultas ante los demás.
El propio prólogo define una de las intenciones esenciales del libro con una expresión que me parece fundamental: «hacer visible lo invisible».
A lo largo de sus páginas aparecen la infancia, la soledad, la necesidad de encajar, el miedo, el dolor, las máscaras que construimos para desenvolvernos ante los demás y también cuestiones como el TEA, el TDAH, la alta sensibilidad o la fibromialgia. Pero sería injusto presentar Disforia únicamente como un libro sobre el dolor.
Porque el poemario avanza.
Después de la oscuridad aparecen la aceptación, la confianza, la naturaleza, el mar, los pájaros, las flores, el azul… y poco a poco la luz comienza a ocupar un espacio que antes pertenecía a las sombras. La última parte del libro es precisamente la más luminosa y plantea ese tránsito hacia la transformación. Por eso, mientras lo leía, tuve la sensación de que Disforia no nos habla solamente de aquello que duele. Nos habla también de lo que ocurre cuando conseguimos ponerle nombre, mirarlo de frente y empezar a encontrar nuestro propio lugar.
Y desde ahí quiero comenzar esta conversación con Eva.
Entrevista
- Eva, el título es una palabra poderosa: Disforia. ¿Por qué necesitabas que fuera precisamente esa palabra la que abriera la puerta al libro?
—Como bien dices, Disforia me parece una palabra poderosa y que define muy bien cómo me he sentido durante muchos años. Define la sensación de no sentirse nunca bien del todo a pesar de hacer todos los esfuerzos posibles para conseguirlo y sin saber decir por qué. Disforia es un término médico y psicológico que describe una emoción desagradable o un estado mental de malestar generalizado, caracterizado principalmente por tristeza, ansiedad, irritabilidad o profunda insatisfacción en mi caso provocadas por varias patologías sin diagnosticar y me parecía muy importante hacer saber que cuando se conocen las respuestas todo es mucho más fácil de llevar.
- Hay una frase tuya que se me quedó clavada mientras te leía: «Las palabras ahogadas en el pecho necesitan ser vomitadas». ¿Qué palabras necesitaban salir cuando comenzaste a escribir este poemario?
—Precisamente todas esas palabras que definen el malestar que se lleva dentro y habitualmente se quiere ocultar porque la sociedad no comprende y por la necesidad de adaptación de todo ser humano. La necesidad de sentirse acogido. Esas palabras que cuando finalmente vomitas expresan quien realmente eres.
- En los primeros poemas aparece con mucha fuerza la infancia: los miedos, la sensación de estar al margen, la necesidad de pertenecer. ¿Qué lugar ocupa esa mirada de la niña dentro de la mujer que escribe hoy?
—En realidad ha sido esa niña la que me ha empujado a escribir este poemario… Conocer la causa de sus miedos y de esa sensación de no terminar de encajar en la sociedad le ha dado luz y ha querido compartir su experiencia con otras niñas, otras mujeres que pueden estar pasando por una situación similar y su deseo es mostrar que no es necesario sentirse una más, que cada persona es única e irrepetible, que todos tenemos algo especial y que finalmente la aceptación es la clave para la transformación.
- Hay una palabra que atraviesa muchas páginas, aunque no siempre aparezca escrita: encajar. ¿Cuánto sufrimiento crees que puede provocar intentar encajar continuamente en el molde que otros han construido para nosotros?
—Así es, como he dicho antes el deseo de encajar en ese molde que no es el nuestro es precisamente el que provoca esa continua disforia, esa sensación de querer y no poder a la que hago referencia en el título de este libro y que es necesario traspasar para encontrar la liberación.
- En Máscaras escribes sobre «hacer visible lo invisible» y sobre esas sonrisas aprendidas que pueden esconder lo que ocurre debajo. ¿Cuánto de nosotros crees que ocultamos simplemente para poder desenvolvernos ante los demás?
—Cuando padecemos enfermedades invisibles o patologías que no son comprendidas creo que aprendemos a ocultar demasiado porque desgraciadamente cuando nos mostramos tal y como somos nos sentimos muy vulnerables ante las personas que no nos comprenden y a menudo eso nos hace daño.
(leer Máscaras página 36)
Aunque en mi experiencia he aprendido que lo más importante es no ocultarnos ante nosotros mismos. Reconocer que no tenemos por qué encajar en ese molde que no está hecho para nosotros y aceptarnos con nuestras luces y nuestras sombras.
- En el libro aparecen de forma muy directa el diagnóstico, el TEA, el TDAH, la alta sensibilidad y también la fibromialgia. ¿Desde qué lugar personal o literario nacen esos poemas y por qué era importante para ti darles espacio en Disforia?
—Son enfermedades que desde mi punto de vista están totalmente relacionadas con la disforia. Enfermedades y trastornos que son incomprendidas por la sociedad y que a menudo se viven sin un diagnóstico, lo que hace más difícil a quienes las padecemos lidiar con ellas. Por eso creo en la necesidad del diagnóstico para dejar de luchar contra algo que forma parte de ti ya que la única manera de tener paz es dejar de luchar contra nosotros mismos, simplemente aceptarlo, como he dicho antes y aprender a vivir con ello.
- Hay un momento en el que el libro parece comenzar a respirar de otra manera. Llegan Las horas azules, la calma, confiar, aceptar… ¿Ese cambio de luz estaba pensado desde el principio o apareció mientras escribías?
—En el momento en que decidí escribir este libro ya estaba definido como terminaría. Como dijiste al principio el objeto de Disforia no es centrarse en el dolor, que existe, sino más bien mostrar el camino hacia la paz que se encuentra cuando reconoces, aceptas y confías. El propósito final es dar luz y esperanza a aquellas personas que se encuentran todavía inmersas en el proceso.
- El azul está por todas partes: en la luz, el cielo, el mar, incluso en la nostalgia. ¿Qué significa el azul para Eva García Madueño?
—El azul para mí simboliza la calma. Soy una enamorada del mar y de su luz y allí es donde voy cuando estoy atravesando algún proceso doloroso y allí es donde encuentro la paz que necesito. Por eso está en muchos de mis poemas cuando lo que quiero transmitir es calma o incluso esperanza y refugio.
- Después de escribir sobre aquello que cuesta tanto mostrar, ¿te dio más miedo escribir Disforia o entregárselo a los lectores?
—Escribirlo para mí fue una liberación. Era una necesidad de aquella niña que finalmente encontró la calma. Entregárselo a los lectores quizás da un poquito de vértigo porque es ofrecer un pedazo de alma desnuda, se trata de romper todas las máscaras y mostrar tu verdadera esencia. Pero creo que el propósito lo merece: siempre que pueda ayudar a alguien a salir de ese pozo habrá valido la pena hacerlo.
- Y quiero terminar llevándote hasta una de las últimas imágenes del libro. Allí escribes sobre encontrar la llave de un cofre donde permanecían viejos recuerdos. Después de abrir ese cofre y escribir Disforia, ¿qué has encontrado de ti que antes no sabías que estaba allí?
—Creo que esta es la pregunta más difícil de responder… había una niña herida que se convirtió en una mujer que sufría mucho porque no conseguía encajar y que finalmente atravesó todas las tormentas y encontró la fortaleza para salir a flote y navegar libremente en un mar en calma.
Supongo que encontré a una mujer fuerte que no sabía que existía.
Cierre
Hay libros que terminamos de leer y colocamos de nuevo en una estantería.
Y hay otros que, de alguna manera, nos obligan a mirarnos antes de cerrarlos.
Creo que Disforia pertenece a esos últimos.
Porque quizá todos, en algún momento de nuestra vida, hemos escondido algo detrás de una sonrisa. Hemos sentido que no encajábamos. Hemos tenido miedo de mostrar una parte de nosotros o hemos librado alguna batalla que nadie podía ver.
Y tal vez por eso este libro consigue que una experiencia profundamente íntima pueda acabar convirtiéndose en un lugar donde otros también puedan reconocerse.
Eva ha escrito sobre las sombras, sí. Pero ha tenido la valentía literaria de no quedarse a vivir en ellas.
Ha caminado hacia el azul, hacia la calma, hacia la aceptación, hacia esa luz que poco a poco comienza a abrirse paso entre sus páginas.
Y después de escucharla esta tarde, me quedo precisamente con eso.
Quizá no podamos evitar todas las sombras que nos acompañan, pero sí podemos decidir qué hacemos con ellas.
Eva eligió convertirlas en palabras.
Y al hacerlo consiguió algo todavía más hermoso:
hacer visible lo invisible para que, quizá, alguien que se sentía invisible dejara de sentirse solo.
Gracias, Eva, por Disforia.
Y gracias por dejarnos entrar esta tarde en un lugar tan difícil de abrir:
el que existe detrás de las palabras.
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