SENDEROS DE LUZ

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SENDEROS DE LUZ

 Senderos de luz es el nombre de una novela publicada recientemente pero que fue escrita a lo largo del año… 1986. Os preguntaréis por qué tanto tiempo y por qué ahora y eso es lo que os quiero contar.

La idea surgió un día de excursión en el embalse Tajo de la Encantada o Pantano del Chorro (como se le conocía en aquella época). Me pareció un lugar muy apropiado para que ocurrieran ciertas cosas y entre éste lugar, la costa de Mijas y Málaga transcurre la historia de Dani, un niño con capacidades especiales que tan magistralmente ha logrado plasmar la genial Olga Artigas Ballesta en la portada (abajo os dejo un breve vídeo realizado por ella donde se ve su proceso creativo).

En aquel momento escribía en cualquier lugar y situación, siempre que tenía ocasión y en ningún momento pensé en publicar nada de lo que escribía. Entonces no existían las redes sociales, algo impensable hoy en día, escribía simplemente por necesidad (de hecho tengo un montón de relatos que poco a poco iré transcribiendo). Con suerte, lo que escribía en papel terminaba escrito a máquina en papel de folio DIN-A4. Y ahí quedó la historia de Dani. Guardada en una carpeta durante muchos, muchos años hasta que un día decidí enseñarle a mi hija el manuscrito. Ella ha sido la «culpable» de que finalmente me propusiera pasar la historia al ordenador y actualizarla. Y fue en el año 2020 (durante el confinamiento) cuando terminé de revisarla y ajustarla a la actualidad para volver a dejarla reposando entre poema y poema hasta mayo de 2025 que me auto regalé su publicación.

Ahora Dani es también un poco vuestro por eso hoy quiero compartir un breve fragmento de su llegada al mundo virtual.

Aquí os lo dejo. Si queréis saber algo más sobre lo que os he contado no tenéis más que preguntarme en los comentarios.

Abrazo.

                                                                          SENDEROS DE LUZ

A través de los amplios ventanales de su habitación, desde la cual solían admirar el espléndido paisaje que se extendía a su alrededor, Cris observó a su marido.

A Javier le gustaba salir a correr al amanecer alrededor de la casa en la que pasaban la mayor parte de su tiempo libre y a ella le encantaba contemplarle: adoraba a su marido. Sentía una especial atracción por él cuando le veía, desde allí arriba, practicando sus ejercicios. Sabía que él disfrutaba de ese modo y le agradaba comprobar como gracias a ello, Javier se encontraba, a sus treinta y dos años, físicamente mejor que cuando le conoció, ocho años atrás.

Desde aquella distancia parecía incluso más joven que entonces. Sin embargo, en su rostro se dibujaba la ansiedad que le embargaba. La locura de los días pasados aún se adivinaba en su expresión cansada. El dolor habitaba en la profundidad de su mirada.

No, Javier ya no era el mismo.

«Jamás volverá a serlo», pensó mirándole con tristeza.

Le encontraba tan sumamente desvalido que hubiera deseado poder tomarlo entre sus brazos y consolarlo, de la misma forma que lo hacía con Dani cuando algo lo atemorizaba.

Recordó a su hijo corriendo hacia ella para refugiarse en su regazo. Se vio a sí misma acariciando el suave cabello del chico y colmándolo de mimos, como solía hacer, hasta disipar totalmente sus temores.

Recordó a Dani estallando en carcajadas.

Si alguna vez existió alguna pequeña fisura en su matrimonio, Dani la había cubierto. El pequeño llegó a sus vidas en el momento y lugar oportunos, llenando todos los rincones que hasta entonces permanecieran vacíos. Los tres constituían la familia, el hogar, que ambos deseaban.

Pero Dani ya no estaba.

Probablemente nunca regresaría… Y si, por algún extraño capricho de la naturaleza, esto ocurriera, ya nada volvería a ser igual.


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Eva García Madueño

2 comentarios en “SENDEROS DE LUZ”

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